Martín Lebuchorskyj realizando una
forma de nanquan

 

 

 

Seminario de puñal de Bei Shaolin Quan,
Abril de 2006

 

 

 

 

1er puesto en formas de cintos negros, 2008

 

 

 

 

Martín Lebuchorskyj y la lanza de Choy Li Fat

 

 

 

 

Martín realizando la forma Shaolin 8 en un torneo nacional, en Julio 2007

 

 

 

 

Martín realizando la forma Shi zi quan, del estilo Chang quan tradicional.

 

[El kung fu y la calidad de vida] por Martín Lebuchorskyj

 

Llegué al mundo del Kung Fu buscando una actividad física que contrarrestara los efectos del sedentarismo de mi profesión. Dado que las rutinas de musculación me aburrían enormemente y habiendo practicado con anterioridad Judo y Karate, tenía la certidumbre que una actividad marcial iba a resultar para mí una actividad más gratificante que cualquier otra. Sin embargo, nunca imaginé cuánto iba a descubrir en el Kung Fu.
El Kung Fu tiene para mí aspectos ilimitadamente variados. Es difícil volcar a palabras lo que representa para mí porque, al estilo de toda la filosofía oriental, es algo que no puede expresarse sino que debe vivirse. Los aspectos más importantes se comprenden de manera vivencial. En rigor de verdad, no se comprenden sino que se sienten.
De todos modos, me gustaría intentar transmitir en palabras un poco de lo que para mí representa. Tal vez genere suspicacias y alguien crea que escribo con afectación e influido por el cine o algo por el estilo. Les aseguro que no es así. Todo lo que pueda contar al respecto, después de algunos pocos años de práctica, es sincero y proviene de un alma generalmente escéptica:

Como actividad física
En este aspecto no tengo muchas imágenes metafóricas ni comparaciones figurativas. Simplemente puedo decir que nunca antes me había sentido físicamente tan pleno como desde que practico Kung Fu. Y vale la pena aclarar que comencé a los treinta y un años. Hoy tengo treinta y seis.
Nunca había tenido buena elongación, y creía que no estaba naturalmente preparado para tenerla. Sin embargo pude desarrollarla incluso tardíamente. Además incrementé en mucho la fuerza en las piernas, reduje notablemente mis contracturas cervicales, mejoré mi equilibrio, mi velocidad, resistencia, coordinación y el control motor del cuerpo en general.

Como alivio mental
Todos vivimos algún momento en el que los problemas o las situaciones de vida nos conflictúan de manera apremiante, y por más que intentamos no podemos quitar nuestra atención de los pensamientos que nos afligen. A veces, cuando las situaciones son realmente de peso, se hace casi imposible conseguir una distracción que venga a socorrernos por un instante y así poder tomarnos un respiro. Cuando me tocó vivir situaciones así, encontré un alivio muy importante en la práctica del Kung Fu. Desde el primer al último segundo de práctica en mi cabeza sólo hay Kung Fu, otorgándome no sólo esparcimiento sino renovando mi energía para continuar con lo cotidiano luego de la práctica. De la misma manera, todas las tensiones normales del día se disipan y desaparecen durante la práctica.

Como actividad marcial
El Kung Fu bien entrenado y desarrollado tiene un potencial marcial enorme, que luego se desenvuelve en la medida necesaria en cualquier conflicto, o simplemente no se aplica si la situación no lo requiere. Es una habilidad que se adquiere y que nos enseña de los riesgos y la seriedad de la violencia, para de esta manera intentar no utilizarla.  También minimiza en gran medida el miedo y los nervios, que son los que generalmente llevan a los conflictos a desenvolverse de forma más peligrosa.
Pero cuando el conflicto se desarrolla inevitablemente en forma violenta, no busca la victoria sobre el oponente sino sobre el conflicto completo. No es una fuerza que busca romper a un adversario, sino una fuerza que fluye y permite el control del movimiento, del espacio y del tiempo de un combate. El control del combate implica el control del propio cuerpo y del cuerpo del oponente, del espacio, del tiempo, del ritmo. Y este control no implica necesariamente el daño. Existen incluso técnicas para minimizar y hasta evitar el daño.
 
Como arte
Una de las artes que más me apasiona es la música, y muy especialmente el piano y las obras clásicas. De hecho durante un tiempo tuve oportunidad de estudiar piano en un conservatorio. Cuando se estudia una partitura para interpretarla, el músico la lee y la ejecuta hasta memorizar las notas. Luego la toca una y otra vez, continuamente, sin descanso, hasta que las notas desaparecen y los dedos parecen ejecutar la obra por sí solos, como si las manos tuvieran vida propia y sólo ellas conocieran la melodía. El ejecutante no piensa cuáles son los siguientes movimientos, solo deja que los dedos hagan lo que ya saben. Es entonces cuando el pianista puede comenzar a modular la interpretación dando los matices que surgen de su inspiración y de sus sentimientos ¡Le da su expresión!
Un practicante de Kung Fu debe realizar las formas cientos de veces, hasta que el cuerpo incorpora la secuencia de movimientos y ya no necesita pensar. Tiene que repetir la ejecución una y otra vez, hasta que el cuerpo fluye y la forma se realiza libre de pensamiento. Es entonces cuando puede imprimirse el carácter, la velocidad y la intención a cada movimiento. Y la forma no se ejecuta, sino que fluye por sí misma. De este modo en el Kung Fu el placer estético es similar al de cualquier otro arte.
Luego, de igual manera, los movimientos de las formas se incorporan a las aplicaciones, hasta que en la instancia final esos movimientos fluyen en el mismo combate.

En la calidad de vida
Personalmente, no sólo busco desarrollar poco a poco el aspecto estrictamente físico del arte marcial. Sino que, en una etapa avanzada, comencé también a aprender distintas técnicas posturales y de respiración para mejorar la energía interna (Chi). Si bien siempre fui escéptico y con una convicción estrictamente racional y occidental de la realidad, me llené de asombro al experimentar claramente la renovación de la energía luego de una práctica, la relajación o incluso el desarrollo muscular que puede lograrse con ejercicios que trabajan con la energía interna o vital (Chi).

En el aspecto social
Haber encontrado un grupo humano que deja de lado cualquier ánimo de competencia y que aprende desde el primer día a respetar y cuidar a sus compañeros es fundamental en una actividad donde el físico está en riesgo permanente. Tuve la suerte de encontrar un grupo excelente, donde el Sifu fomenta este espíritu desde el primer segundo de práctica; donde todos se ocupan de aprender y de ayudar, con respeto y humildad, independientemente de la graduación o del tiempo de práctica; donde los más experimentados cuidan a los más novatos; donde reina un espíritu de camaradería en el cual se puede hablar de "familia marcial"; donde se puede practicar con confianza y tranquilidad. No es común que esto suceda en este tipo de actividades.

Como fuente de valores
En la actualidad, constantemente y por todos los medios intentan convencernos de que hay que obtener más con el mínimo esfuerzo y que no sólo esto es deseable sino que es perfectamente posible. El Kung fu nos enseña acerca del valor del trabajo y del esfuerzo. Nos demuestra de manera palpable que la única forma de progresar en este arte, y en la vida en general, es mediante la constancia, el trabajo, el esfuerzo y la dedicación. El Kung Fu exige del practicante muchas horas de paciencia y esfuerzo. Aunque los primeros resultados se ven relativamente rápido, se necesitan años de perfeccionamiento. Y aun así, es tan vasto que un solo estilo difícilmente termina de dominarse completamente en una vida. De una manera muy triste, la sociedad actual del “rápido, ahora y fácil” tiende a calificar estos valores de forma negativa.
El Kung Fu rescata, sostiene y mantiene en sus bases principios importantes para la vida y el desarrollo humano.

Como filosofía
Leí por ahí que el mundo es un empate, un equilibrio natural, como una soga que cruza sin tensión la pista de un circo. Mientras nadie la toca, por su propio peso busca el centro, el equilibrio. Luego entra uno en escena y pisa la soga, la cual comienza a vibrar, se balancea y se agita. Nosotros, torpes equilibristas, tratamos de relajarnos y encontrar alguna armonía para no caer. Pero más aún, intentamos lograr algún equilibrio para transformar la estancia sobre esa soga en algo mejor que miedo y sufrimiento. Cuando al fin cruzamos, ya sin nuestro peso la soga vuelve a su armonía natural. Entonces comprendemos que el mundo no se agita por sí mismo, está en paz, y que todo lo que alteraba esa armonía natural estaba en nosotros.
El Kung Fu no es una herramienta de lucha, sino de equilibrio. Es una forma de fluir, de atravesar la existencia discurriendo como el mundo mismo. No es la soga, la barra de equilibrio ni el equilibrista, sino lo que hace desaparecer la soga, la barra y el equilibrista.
En Kung Fu uno no se mueve para romper, sino que se mueve porque algo se ha roto y necesita ser devuelto a su equilibrio. No es acción, sino la acción necesaria para volver a la armonía.

En la gratitud
Por último y no menos importante, agradezco especialmente a mi Sifu y a mi Sikung, también a mis Sihines y Sidaes, por brindarme la oportunidad de vivir todos estos aspectos de una actividad completa y gratificante como ninguna otra.

 

Martín Lebuchorskyj, alumno del Sifu Martín Ugarte - Núcleo Belgrano
Agosto de 2009